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15/06/2020 / Guillermo Rodríguez

La COVID-19: antes, ahora y después

En diciembre de 2019 se registró en China, exactamente en la cuidad de Wuhan, el primer caso de una neumonía de causa desconocida. Un mes después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmaba que se trataba de un nuevo tipo de coronavirus y que su desarrollo y propagación podía ser mundial. Se trata de la denominada COVID-19, acrónimo del inglés coronavirus disease 2019 (enfermedad por coronavirus del 2019), que no se debe confundir con SARS-CoV-2, el virus que causa la enfermedad.

¿Creado o de origen animal? Si bien es verdad que, en esta misma región, unos investigadores chinos del Instituto de Virología de Wuhan, al conectar una proteína de murciélagos con el virus del Sars encontrado en ratones, habían descubierto un ‘súper virus’ capaz de afectar también a los humanos, no hay ninguna prueba que pueda tener una relación directa. Más aún, hasta la CIA, concluye en un informe que el virus de la actual pandemia tuvo su origen en China, pero aseguran que este patógeno no fue creado por el hombre ni genéticamente modificado.

Los coronavirus son una extensa familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. Los científicos, a día de hoy, no han podido averiguar cómo se comporta, y menos aún predecir su evolución, pero lo que sí podemos es, por desgracia, comprobar su facilidad de contagio y que la enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19) es una afección respiratoria que se puede propagar de persona a persona causando efectos muy graves, afectando a los órganos y a otras partes del cuerpo humano, que pueden desembocar en la muerte. El coronavirus COVID-19 ya está superando casi los 5 millones de casos en todo el mundo y hay más de 350.000 fallecidos a la fecha de hoy.

La COVID-19 se propaga muy fácilmente entre las personas que tienen contacto cercano o a través de la tos y los estornudos Lo que se puede hacer, como estaría recomendado en cualquier pandemia, es poner en marcha varias medidas cautelares de protección como el distanciamiento social, el confinamiento en nuestras casas, toser o estornudar en el pliegue del codo, saludar sin darse la mano, evitar los abrazos y besos, evitar tocarse la cara, los ojos, la nariz y la boca con las manos… Eso, sin olvidar la mascarilla, el lavado de manos con jabón, el uso de gel hidroalcohólico, la toma de temperatura, los test… Todo esto ser de vital importancia para frenar la pandemia. Las mascarillas convencionales no siempre protegen de forma eficiente a la persona que la lleva, pero sí tienen un grado de eficacia del 95% como barrera para los demás.

Estas son las primeras acciones que se han puesto en marcha en los países en los que más duramente se ha extendido el virus y ahora tendremos que aprender a convivir con él tanto en nuestra vida profesional como personal, al menos hasta que se encuentre una vacuna para combatirlo.

La forma en que actúa sobre el ser humano es muy variable. Algunas personas que lo han padecido no han tenido síntomas (asintomáticos), pero para otras los efectos pueden ser muy graves. No existe, a día de hoy, ningún tratamiento definido por los organismos internacionales de salud como la OMS, FDA, EMA… pero sí empieza a haber laboratorios farmacéuticos que tienen indicaciones COVID-19 para algunos de sus medicamentos existentes que, solos o en combinación con otros, pueden tener efectos muy positivos en pacientes afectados.

La COVID-19 solo puede ser vencida de forma rápida y completa con una estrategia vacunal mundial. Ya tenemos más de 100 grupos explorando distintas estrategias para conseguir la inmunidad del individuo y del grupo. Lo que vemos es una proliferación de acciones por parte del sector farmacéutico, y en particular del español, tanto al nivel público como privado.

 

Investigaciones en curso

Por ejemplo, el equipo de investigadores del hospital Germans Trias i Pujol (Badalona), ha desarrollado un ensayo clínico con una combinación de medicamentos y ha recibido ya la luz verde de la AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) para su puesta en marcha.

Asimismo, el Hospital Gregorio Marañón de Madrid ha iniciado un ensayo con un fármaco para su eficacia pulmonar en la COVID-19 en colaboración con Sanofi.

Gilead, con su antiviral Remdesivir, ha anunciado una participación nacional en hospitales españoles. Concretamente, lo hará en La Paz, el de Alcalá de Henares, el Ramón y Cajal y el 12 de Octubre, en la Comunidad de Madrid; en el Clínic y el Vall d’Hebrón, en Cataluña; en el Hospital de Cruces, en el País Vasco; y en el Carlos Haya, en Andalucía.

Lilly ha comenzado ensayos clínicos para COVID-19, con un anticuerpo antiangiopoyetina, ya en fase 2. Incluirá el Baricitinib en una de las ramas del ensayo clínico adaptativo liderado por el NIH, de Estados Unidos, que investiga potenciales tratamientos para COVID-19.

Italfarmaco España, desde su fábrica de Alcobendas (Madrid), ha dado medicamentos y mascarillas a residencias geriátricas de la Comunidad de Madrid para tratar a los enfermos de coronavirus.

Novartis ha donado su fármaco oncohematológico Ruxolitinib para tratar a pacientes graves con COVID-19 y Sanofi ha hecho lo propio con 100 millones de dosis de hidroxicloroquina a España y a 49 países.

Pfizer y Biontech también se han asociado para desarrollar una vacuna basada en la tecnología ARNm de Biontech para prevenir la infección por SARS-CoV-2.

Roche, por su parte, avanza con su anticuerpo monoclonal Tocilizumab, que fue aprobado por China el pasado 5 de marzo para tratar a pacientes con complicaciones pulmonares por COVID-19, y ha anunciado el inicio de un ensayo de fase III con este fármaco.

Grifols ha establecido un acuerdo con la FDA para recoger plasma de pacientes recuperados de la COVID-19, procesarlo y fabricar un nuevo producto llamado inmunoglobulina.

GlaxoSmithKline (GSK) está desarrollando un proyecto junto con la CEPI para poner a disposición su tecnología adyuvante para apoyar el rápido desarrollo de vacunas candidatas. Además, se ha asociado con la empresa china de biotecnología Clover Biopharmaceuticals, a la que está proporcionando sus adyuvantes para avanzar en la investigación.

Sanofi y GSK se han aliado también para desarrollar una vacuna adyuvante para COVID-19. Así, utilizarán sus innovadoras tecnologías para aportar soluciones a la pandemia. Sanofi contribuirá con su antígeno COVID-19 de proteína S, que se basa en la tecnología de ADN recombinante y GSK con un adyuvante prometedor. La combinación de un antígeno a base de proteínas junto con un adyuvante está bien establecida y se usa en varias vacunas disponibles en la actualidad. Han afirmado que se puede mejorar la probabilidad de administrar una vacuna efectiva que se pueda fabricar a escala y estarían ya con ensayos en fase I en el segundo semestre de 2020.

Sanofi Pasteur, la unidad de negocio de vacunas, está también colaborando con la Autoridad para la Investigación y Desarrollo en Biomedicina del departamento estadounidense de Sanidad, para buscar una vacuna contra el coronavirus.

Johnson & Johnson, con su división farmacéutica Janssen, está trabajando con la Autoridad de Investigación y Desarrollo Avanzado Biomédico de EEUU (Barda) para acelerar el desarrollo de su vacuna contra el coronavirus.

Astrazeneca producirá la vacuna de un adenovirus recombinante de la Universidad de Oxford para prevenir la infección COVID-19 provocada por el SARS-CoV-2.

La japonesa Takeda está trabajando en el desarrollo de un fármaco derivado del plasma sanguíneo, la globulina hiperinmune policlonal, para tratar a los individuos de alto riesgo.

Hay muchos más trabajos de I+D+i de medicamentos en estudio y se encuentran también combinaciones de fármacos antivirales, como Lopinavir y Ritonavir, del laboratorio estadounidense AbbVie; el antiviral Remdesivir, de Gilead; o el Interferón, investigado por las farmacéuticas Roche, Merck y Bayer.

El Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), con el Ministerio de Ciencia, ya tiene un total de 24 laboratorios que realizan labores de apoyo en la realización de test PCR para el diagnóstico de COVID-19. Se encuentran muchas Universidades como la de Alcalá de Henares (UAH), la Complutense de Madrid (UCM), la de León, la de Castilla-La Mancha y otros organismos como el Centro Militar Veterinario de Madrid, el Laboratorio Regional de Sanidad Animal de León, el Centro Biolab-Arcelormittal de I+D de Asturias, la tinerfeña Universidad de La Laguna, la Universidad de Valladolid, la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (FISABIO) y el Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA).

Rovi, que cuenta con productos tanto propios como comercializados bajo licencia, tiene algunos de sus fármacos entre los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como esenciales para pacientes hospitalizados en UCIs por la COVID-19.

Faes Farma ha puesto en marcha la fabricación, de manera excepcional, de miles de litros de hidrogel.

Pharmamar fue uno de los primeros en ponerse en marcha y lanzó un kit de detección del COVID-19.

Reig Jofre ha iniciado un estudio clínico para reducir la incidencia de la COVID-19 y su gravedad en caso de contagio para evaluar la eficacia del complemento alimenticio Manremyc.

También, muchos laboratorios farmacéuticos españoles ayudan con donaciones diversas como Normon, que ha donado más de 117.000 kilos de comida a bancos de alimentos muy afectados por la COVID-19 o EPIs para la protección de los empleados de las residencias de ancianos, envío de kits de higiene personal a hospitales españoles, etc.

Desde la junta directiva de nuestra asociación AEPIMIFA se consultó con motivo de la pandemia a todos los socios y se acordó, por amplia mayoría, ayudar de forma equitativa a los afectados en Madrid y Barcelona, los dos grandes focos, a través de donativos.

Lo que vemos es que hay muchísimas acciones del sector farmacéutico al nivel mundial pero también un número muy importante desde fábricas y laboratorios farmacéuticos españoles.

Esto nos hace reflexionar sobre la importancia de que un país como España tenga una industria farmacéutica fuerte, no solo a nivel de I+D, sino también que tenga sus fábricas en el territorio español.

 

Inteligencia artificial y nuevas tecnologías

Desde AEPIMIFA, no podíamos acabar este artículo sin hablar de inteligencia artificial en la lucha contra el coronavirus. Hace ya algunos años que desde nuestra asociación hablamos de la importancia del big data, la inteligencia artificial… De hecho, estas temáticas fueron objeto de nuestra última ponencia en FarmaForum y de nuestra asamblea general.

La inteligencia artificial puede ser una solución para realizar predicciones sobre la evolución de la COVID-19, pero también puede servir como gran impulsor en la búsqueda de posibles tratamientos. Actualmente, está ocupando un papel muy importante en este desafío contra la COVID-19 gracias a su presencia en telemedicina o en las aplicaciones móviles. De alguna forma, la tecnología está ayudando a controlar y combatir la expansión del virus.

Los principales líderes en desarrollo tecnológico están trabajando en las nuevas tecnologías para frenar la rápida expansión de este virus y países como China o Corea del Sur fueron los primeros, pero rápidamente en Europa, Estados Unidos y en todo el mundo se han sumado al desarrollo de soluciones tecnológicas en la lucha contra la COVID-19. España no se ha quedado atrás y actualmente se puede encontrar una multitud de aplicaciones móviles, gadgets, chatbots (los chats inteligentes) descongestionando las vías telefónicas o haciendo prediagnóstico digital… En definitiva, poniendo la tecnología al servicio de la telemedicina. La telemedicina es de gran ayuda en el tratamiento de la COVID-19 para evitar el colapso en los hospitales o diagnósticos al solucionar procesos rápidos y sencillos para el paciente, el personal y la administración hospitalaria. Abrimos también el horizonte a la consulta virtual. De hecho, con la actual crisis sanitaria, las visitas médicas telemáticas han sido de casi un 70% de las programadas y con la llegada de la COVID-19, los esfuerzos en tecnología, sin duda se han acelerado aún más, aunque en cualquier caso estaba previsto que esta industria creciera en los próximos cinco años un promedio del 30% solo en Estados Unidos.

Aquí también tendríamos una multitud de ejemplos, como una compañía que está desarrollando, junto al Departamento de Salud del Gobierno Vasco y otros institutos y hospitales, una app que permite detectar un índice de contagio del coronavirus analizando la voz a través de modelos de inteligencia artificial y sin que exista contacto físico.

También hay muchas compañías de seguros médicos que están desarrollando sus propias apps para despejar dudas ante la pandemia. Por ejemplo, DKV Seguros ha puesto a disposición de los usuarios una app para despejar dudas ante casos leves o síntomas menores del coronavirus. Y Mapfre ha abierto todos los servicios de su aplicación de consultas Savia a toda persona que se registrara en la web o descargara la app.

El Instituto de Investigación Damo Academy de Alibaba ha diseñado un programa dirigido a analizar las radiografías pulmonares, identificando con un 96% de exactitud aquellos pacientes infectados por COVID-19 y aquellos otros que padecen una neumonía ordinaria.

La compañía IA ha desarrollado una app para la monitorización de la temperatura para identificar a aquellas personas que presentan cuadros febriles, con el objetivo de realizar actuaciones de prevención de la enfermedad.

SugrTechnology ha llevado a cabo la creación de un interruptor eléctrico que es controlado por voz. De ese modo, se puede dar la orden de apagar o encender los interruptores sin tener que tocarlos.

AbCellera, empresa de biotecnología, tiene una app de aprendizaje automático o machine learning para desarrollar terapias basadas en anticuerpos de pacientes que se han recuperado de la enfermedad.

Y actualmente se está utilizando a Summit, desarrollado por IBM y conocido como el súper ordenador más potente del mundo en procesamiento de datos, que ha permitido simular 8.000 compuestos de medicamentos en solamente dos días, 77 de los cuales muestran cierto potencial para evitar que la COVID-19 infecte las células.

Más que nunca, el sector farmacéutico y biotecnológico, en combinación con el big data, están acelerando la investigación contra el coronavirus y ayudando a la humanidad a defenderse y crecer.

 

Fuente: OMS, (CEOE) Confederación Española de Organizaciones Empresariales, AICA (Asociación empresarios de Alcobendas) y Europa Press.
Datos del autor
Nombre Yves Billiet-Prades
Empresa AEPIMIFA
Cargo Secretario General
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