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15/06/2020 / Guillermo Rodríguez

La COVID-19 y la nueva normalidad en el sector sanitario

La Gomera y el domingo 15 de marzo se anunció, en un comunicado institucional, el estado de alarma por segunda vez en la historia reciente del país como medida excepcional para la contención de esta pandemia.

En ese momento, España contaba con más de 4.200 casos positivos y 120 fallecidos. En el mes de mayo, China confina la provincia de Jilin, con 109 millones de personas, al detectar 34 nuevos casos de coronavirus y una semana antes, en Wuhan, se confinan a 11 millones de personas al detectar tan solo 6 nuevos casos de coronavirus.

En la última semana de mayo, aún en estado de alarma, la pandemia está en remisión pero con cerca de 300 nuevos casos diarios. La mitad de la población de España está en la fase 2 y se plantea la vuelta a su vida previa a la COVID-19. Pero nada más lejos de la realidad, ya que la población y el sector industrial y comercial deberán adaptar sus recursos y sus operativas en previsión de futuros brotes y alertas sanitarias, en lo que muchos han venido a llamar la nueva normalidad. Los escenarios que se plantean consisten en la alternancia de periodos con muchos nuevos casos y otros con un pequeño pero continuo goteo de nuevos casos. Es lo que denominan un modelo de picos y valles, el cual se prolongará durante un periodo de 1 a 3 años según los distintos estudios publicados. En la mayor parte de los escenarios serán necesarios nuevos periodos de confinamiento (más o menos prolongados) durante los picos, por lo que la población y los distintos sectores deberán adaptarse a esta nueva normalidad para poder sobrevivir.

Con más tiempo, previsión, nuevas estrategias y herramientas, el comercio que haya sobrevivido a este primer confinamiento tendrá que reinventarse, reformar y adaptar sus locales y mobiliario para poder operar en las dos velocidades del año. Cambiar el mobiliario actual por mobiliario plegable o reubicar el mobiliario en trasteros cuando llegue la estación de confinamiento parece una solución aceptable. En la misma medida, las oficinas deberán adaptar su espacio para garantizar el espacio interpersonal e implantar sistemas de seguridad y desinfección (uso de mascarillas, mamparas, sistemas de desinfección).

Muchos economistas prevén un aumento en la temporalidad en el trabajo como una estrategia empresarial que permita cubrir la necesidad de personal durante los periodos de desconfinamiento y poder subsistir en los confinamientos.

El producto tendrá también que adaptarse a la nueva normalidad y a los nuevos requerimientos higiénicos. La manipulación de alimentos, ropa o cualquier otro bien que vaya a entrar en contacto con el cuerpo exigirá nuevos envoltorios, sellos, manipulaciones exquisitas, higienizaciones periódicas o ausencia de contacto con el manipulador o el fabricante, no solo por imposición legal sino por exigencia del consumidor, mucho más consciente del riesgo conforme tengan lugar nuevos rebrotes.

La cultura de consumo también cambiará, lo que supondrá un incremento de las compras online, un aumento de las transacciones de dinero en la red y una disminución del tráfico de dinero en efectivo. Así, salvo que los consumidores cambien y se conciencien en potenciar el comercio local, es previsible que las grandes empresas de venta y distribución online vean aumentar su facturación durante los próximos años.

Todas las empresas y sectores deberán adaptarse a esta doble velocidad, deberán recurrir en mayor o menor medida al teletrabajo y a la teleformación, para lo cual será inevitable un aumento de inversión en nuevos recursos técnicos (ordenadores, webcam, servidores) y humanos que faciliten esta transición.

Será preciso programar tareas que se puedan realizar de forma eficiente durante los periodos de confinamiento y aquellas presenciales para los tiempos de desconfinamiento.

 

El sistema sanitario en la nueva normalidad

En la nueva normalidad, y en base a las predicciones, reforzar el sistema sanitario se presume un objetivo prioritario.

La desatención que sufrieron las residencias de ancianos durante semanas y su no adscripción al sistema sanitario tiene que ser revisada. Los ratios actuales de personal/ancianos de muchos de estos centros no son aceptables en este nuevo escenario.

La adaptación de recintos y espacios públicos con un posible doble propósito, para poder reconvertirlos en hospitales de campaña temporales en caso de necesidad será algo habitual, lo que permitirá una respuesta rápida y eficiente. El sistema sanitario debe ganar elasticidad para poder hacer frente a futuros brotes o pandemias, para lo cual, las funciones del personal sanitario deberían ser más flexibles y requerirán su capacitación para realizar labores de soporte y atención en estas instalaciones temporales.

La globalización está en caída libre, los movimientos masivos de población se verán reducidos, al menos temporalmente, y se realizarán rigurosos controles en las salidas y entradas de los aeropuertos, en algunos casos asociados a la realización de pruebas y exámenes médicos, así como la exigencia del cumplimiento de un periodo de cuarentena. Muchas empresas, por ejemplo en el sector automovilístico francés, están planteando cerrar sus factorías en otros países y llevarlas de vuelta a su país. La globalización ha dado lugar a que el 80% de los fabricantes de fármacos estén en China e India y el 80% de las materias primas y principios activos empleados en Europa procedan de estos dos países. Si bien el control de los precios de los medicamentos genéricos busca garantizar el acceso a una sanidad universal, su implantación ha acelerado la globalización de este sector, estando ahora su fabricación en países fuera de la UE, lo que nos pone en una situación de alta vulnerabilidad y de riesgo de desabastecimiento.

Esta misma situación ocurre en el caso de los equipos de diagnóstico (test rápidos, PCR, reactivos), equipos de protección individual (mascarillas, guantes) y equipos médicos (respiradores). Deben plantearse mecanismos que favorezcan la fabricación nacional o comunitaria de estos productos, garantizando el autoabastecimiento, lo que supondrá una demanda de mano de obra.

Durante esta crisis sanitaria la cantidad de información científica generada en tan poco tiempo sobre la COVID-19 ha sido compartida en abierto, lo que contribuye de forma innegable a un avance mucho más rápido en nuevos avances médicos. Sería razonable una reinvención del sistema de acceso a publicaciones científicas, garantizando un acceso libre y de calidad al conocimiento científico.

La creación de equipos multidisciplinares y el trabajo colaborativo entre equipos de investigación distantes permitirá avances más rápidos en investigación y la reducción de costes.

El concepto y la filosofía OneHealth debería consolidarse como una realidad, en la cual, la salud humana, animal y medioambiental trabajen de la mano, habida cuenta que el 70% de las enfermedades emergentes con potencial zoonótico son de origen animal y muchas de ellas se transmiten por vectores y están seriamente influenciadas por factores medioambientales como, por ejemplo, el cambio climático.

La formación presencial será sustituida en su mayor parte por teleformación y surgirán nuevos métodos de enseñanza basados en nuevas tecnologías como la realidad aumentada o la realidad virtual.

Se potenciará la creación de nuevas especialidades como la medicina genética y genómica, que permitirán el desarrollo e implantación de la medicina personalizada de precisión y así, por ejemplo, hoy día la terapia de muchos procesos oncológicos no se hace como antaño en base al estadiaje y los datos histopatológicos, sino en base a los datos genéticos y moleculares del tumor y del paciente en particular. En esta crisis, el reposicionamiento de diversos fármacos para su potencial uso se ha realizado en base a sus características y estructura molecular, algo que los ordenadores cuánticos podrán calcular en cuestión de segundos o minutos.

Hace pocos meses se alcanzó la supremacía cuántica y en pocos años los ordenadores cuánticos permitirán desarrollar nuevos fármacos en base a simulaciones reduciendo la necesidad de animales, cultivos, tejidos o pacientes reales.

El empleo de la inteligencia artificial en la práctica clínica será algo rutinario en un futuro próximo y así, estos sistemas nos ayudarán a interpretar radiografías, TACs o analíticas o realizar diagnósticos. La robotización se implantará definitivamente en el ámbito sanitario, tanto en los laboratorios como en otras áreas como farmacias, el reparto de la comida o medicación a los pacientes ingresados, el empleo de robots autónomos que desinfectan mediante luz UVC o en quirófanos, con robots como el DaVinci, que permite a un cirujano operar a miles de kilómetros de distancia del paciente.

El cambio climático influye en la aparición de nuevas pandemias. Es posible que la situación actual sea de utilidad para desbloquear los acuerdos en torno a las medidas para gestionar el cambio climático, las cuales llevan estancadas años, en gran parte por algunas de las naciones más golpeadas por la COVID-19.

Esta pandemia puede dar lugar a un cambio en las prioridades y mentalidad de una gran parte de la población, lo que podría actuar de catalizador o suponer en sí misma una revolución de igual o mayor magnitud que la revolución industrial que se inició en mitad del siglo XVIII y que supuso un proceso de transformación económica, social y tecnológica.

 

Datos del autor
Nombre Germán Quintana Diez
Empresa Confederación Empresarial Veterianaria Española (CEVE)
Cargo Miembro de la Comisiones de Sanidad y Salud Laboral
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